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Periimplantitis
La periimplantitis es una inflamación de los tejidos que rodean un implante dental acompañada de pérdida del hueso que lo sostiene. Se diferencia de la mucositis periimplantaria, en la que la inflamación se limita al tejido blando y todavía no hay pérdida ósea: esa distinción no es semántica, sino la que determina el tratamiento. El diagnóstico exige una exploración clínica con sondaje y una radiografía; el sangrado al sondar, la supuración o un cambio en los tejidos alrededor del implante son los signos que justifican una revisión. En el Centro Médico Schilman, en Ramat HaSharón, el tratamiento empieza por un abordaje no quirúrgico, se reevalúa a las pocas semanas, y solo a partir de esa respuesta se decide cómo continuar.
En resumen
- Dos situaciones distintas: mucositis periimplantaria, reversible y sin pérdida ósea; y periimplantitis, con pérdida ósea alrededor del implante.
- El signo más frecuente: sangrado al sondar. A menudo no hay dolor, y por eso el seguimiento periódico es lo que permite detectarla a tiempo.
- Causa principal: la biopelícula bacteriana que se acumula alrededor del implante y que el cepillado en casa no retira por completo.
- Cómo se diagnostica: sondaje de las profundidades, comprobación del sangrado y radiografía. No se diagnostica a ojo.
- Primer paso: tratamiento no quirúrgico, con instrumentos adaptados a la superficie del implante.
- Reevaluación: una cita a las pocas semanas para medir si la inflamación ha respondido. Los hallazgos de esa cita deciden lo que viene después.
- El tiempo importa: cuanto antes se detecta, más opciones de tratamiento quedan disponibles.
- Precios: no se publican en la web. El plan se presenta completo antes de empezar.
Contenido de la página
- Mucositis y periimplantitis
- Signos que justifican una revisión
- Por qué aparece
- Cómo se diagnostica
- Tratamiento no quirúrgico
- El papel del láser
- Reevaluación
- Cuándo se plantea la cirugía
- Cuándo se plantea retirar el implante
- Mantenimiento y seguimiento
- Prevención desde la planificación
- Riesgos y lo que no prometemos
- Apuntes clínicos
- Mito y realidad
- Qué conviene preguntar
- Quién le atiende
- Glosario
- Preguntas frecuentes
Mucositis y periimplantitis
Un implante dental no es tejido vivo, pero los tejidos que lo rodean sí lo son. Cuando la biopelícula —una capa fina y adherente de bacterias— se acumula alrededor del implante y no se controla, los tejidos pueden responder con un proceso inflamatorio. Se distinguen dos situaciones, y la distinción entre ellas determina el tratamiento.
Mucositis periimplantaria
La inflamación se limita al tejido blando que rodea el implante, sin pérdida ósea progresiva atribuible a la enfermedad. El signo más frecuente es el sangrado al sondar. Es una situación reversible: un diagnóstico y un tratamiento tempranos son lo que evita que el proceso avance.
Periimplantitis
Inflamación acompañada de pérdida del hueso de soporte alrededor del implante. El diagnóstico exige una radiografía, porque la pérdida ósea no se aprecia en la exploración visual. A diferencia de la mucositis, el hueso perdido no se recupera: lo que puede hacerse es detener el proceso y estabilizar la situación.
Esta es la razón por la que la diferencia entre ambas no es una cuestión de terminología. En una, el objetivo es revertir; en la otra, detener.
El tejido alrededor de un implante es, en algunos aspectos, más vulnerable que el que rodea a un diente natural: no existe ligamento periodontal, y la disposición de las fibras y del aporte sanguíneo es distinta. Por eso un sangrado leve alrededor de un implante merece más atención, y no menos, que el mismo sangrado alrededor de un diente.
Signos que justifican una revisión
- Sangrado alrededor del implante, al cepillar o al usar el hilo.
- Hinchazón del tejido en la zona.
- Enrojecimiento de la encía alrededor del implante.
- Supuración o secreción procedente de la zona.
- Mal olor o mal sabor localizados.
- Recesión de la encía y exposición del margen de la restauración.
- Un cambio en el aspecto o en la sensación de la zona del implante.
- Sensación de movilidad de la corona o de la restauración.
No siempre hay dolor
En una parte de los casos el proceso avanza sin dolor, y el único signo es un sangrado leve al cepillar o durante la exploración. Esa es la razón por la que el seguimiento periódico alrededor de los implantes no es un formalismo: es la manera de detectar el proceso en una fase en la que quedan más opciones de tratamiento.
Por qué aparece
En la mayoría de los casos se trata de una combinación de factores y no de una causa única. Estos son los que se valoran en la evaluación:
- Biopelícula. El factor central. Placa bacteriana que se acumula alrededor del implante y en el surco que lo rodea, y que el cepillado en casa no retira por completo.
- Antecedentes de enfermedad periodontal. Los pacientes tratados previamente de enfermedad periodontal se sitúan en un grupo de seguimiento más estrecho.
- Higiene bucal. El acceso para limpiar alrededor del implante y de la restauración, y la capacidad del paciente para mantener la zona en el día a día.
- Tabaquismo. Factor de riesgo conocido para los tejidos gingivales y para el hueso, que se tiene en cuenta en la planificación del tratamiento y del seguimiento.
- Restos de cemento. En los casos pertinentes, los restos de material de cementado que quedan por debajo del margen gingival pueden actuar como un irritante local.
- Diseño de la restauración. Una restauración que no permite limpiar bien la zona dificulta el mantenimiento diario.
- Factores locales y sistémicos. Sobrecarga oclusal, enfermedades de base y medicación, que se valoran caso por caso.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico no se establece a ojo, y tampoco solo a partir de los síntomas que el paciente describe. Se apoya en tres elementos que se combinan.
- Exploración clínica y sondaje. Medición de las profundidades alrededor del implante y comprobación de si hay sangrado al sondar. El sondaje alrededor de un implante se realiza con una técnica y una presión adaptadas.
- Valoración de los tejidos blandos. Estado, color y volumen del tejido, presencia de supuración, y evaluación del acceso para la limpieza.
- Radiografía. Es la que muestra el nivel óseo alrededor del implante. Cuando existe una radiografía anterior, la comparación entre ambas es lo que permite distinguir una pérdida ósea estable de un proceso activo.
De la combinación de los tres se deriva la conclusión: mucositis, periimplantitis, o una situación estable que solo requiere seguimiento. Y de esa conclusión se deriva el tratamiento.
Una radiografía aislada indica cuánto hueso hay hoy. Dos radiografías separadas en el tiempo indican si se está perdiendo. Por eso la radiografía de control tras la colocación del implante, cuando todo va bien, es la que da valor a todas las que vendrán después.
Tratamiento no quirúrgico
El primer paso en la mayoría de los casos es un abordaje no quirúrgico, cuyo objetivo es retirar la biopelícula de la superficie del implante y de la restauración, y crear las condiciones para que el tejido responda.
Qué incluye
- Desbridamiento mecánico con instrumentos adaptados a la superficie del implante. Los instrumentos convencionales pueden dañar esa superficie, por lo que tanto el diagnóstico como el protocolo alrededor de los implantes se realizan con material específico.
- Instrumentación ultrasónica y Air Polishing, con control de la potencia y de la temperatura del agua. Puede leer más sobre esta técnica en la página de limpieza dental y Air Polishing.
- Retirada de factores irritantes locales cuando existen: restos de cemento, un margen que no ajusta, o un punto de la restauración que impide la limpieza.
- Instrucciones de higiene adaptadas a esa restauración concreta. No todas se limpian igual, y una instrucción genérica rara vez sirve.
- Revisión de los factores de riesgo: tabaco, control de enfermedades de base, y hábitos que influyen en la evolución.
El objetivo de esta fase es lograr el control de la inflamación y observar cómo responden los tejidos, no «cerrar» el asunto en una sola cita.
El papel del láser
El láser no sustituye al desbridamiento mecánico. Puede emplearse, según el tipo de láser y la indicación, como una fase adicional en el tratamiento de los tejidos y del surco periimplantario.
La clínica trabaja con láser dental, y el Dr. Schilman posee el Mastership de la ALD, la Academia de Odontología Láser. Encontrará más información en la página de tratamiento de encías con láser.
Lo que conviene decir con claridad: la literatura profesional sobre el uso del láser en esta indicación sigue desarrollándose, y no lo presentamos como un factor que garantice un resultado. Se utiliza como componente complementario dentro de un protocolo, y la respuesta se mide igual que la de cualquier otra fase.
Reevaluación
Tras el tratamiento inicial se programa una cita de reevaluación, por lo general al cabo de unas semanas. No es una revisión rutinaria, sino una fase del protocolo.
En esa cita se vuelven a medir las profundidades de sondaje, se comprueba si persiste el sangrado al sondar y se examina el estado de los tejidos alrededor del implante. En el seguimiento a largo plazo se comparan además las radiografías, para valorar la estabilidad del nivel óseo a lo largo del tiempo.
Los hallazgos de esta reevaluación son los que determinan el siguiente paso: si basta con pasar a una fase de mantenimiento y seguimiento, si se requiere un tratamiento no quirúrgico adicional, o si conviene plantear otro abordaje.
La reevaluación es la parte del protocolo que más se salta y la que más información aporta. Sin ella no se sabe si el tratamiento funcionó: solo se sabe que se hizo.
Cuándo se plantea la cirugía
Cuando el tratamiento no quirúrgico no consigue un control suficiente de la inflamación, o cuando la morfología del defecto alrededor del implante no permite una limpieza eficaz por vía cerrada, puede plantearse un abordaje quirúrgico cuyo objetivo es acceder de forma directa a la superficie para limpiarla y tratar los tejidos.
La decisión no es automática y se valora frente a las alternativas. Cada opción se comenta con el paciente a partir de los hallazgos, y no como un recorrido fijado de antemano.
También aquí: no es posible garantizar de antemano la conservación del implante ni evitar una cirugía. Lo que sí puede hacerse es diagnosticar de forma ordenada, empezar por el abordaje que corresponde a la situación, y medir la respuesta.
Cuándo se plantea retirar el implante
Es la posibilidad que nadie quiere mencionar, y precisamente por eso conviene exponerla con claridad.
Retirar el implante se plantea cuando la pérdida ósea es extensa, cuando el implante ha perdido estabilidad, o cuando los intentos de controlar la inflamación no han dado resultado y el proceso sigue avanzando. En esas situaciones, mantener el implante puede suponer una pérdida ósea adicional que dificulte cualquier rehabilitación futura en esa zona.
Retirarlo no es el final del camino. La zona cicatriza, a veces con un procedimiento de injerto óseo, y en muchos casos puede plantearse una nueva rehabilitación más adelante.
La decisión difícil no suele ser retirar un implante que ya ha fracasado, sino decidir cuándo dejar de intentar salvar uno que se sostiene a duras penas. Cada mes de más con un proceso activo se paga en hueso, y el hueso es exactamente lo que hará falta después.
Mantenimiento y seguimiento
Un implante mantenido no es un implante olvidado. Esta es la fase que determina, más que ninguna otra, cuántos años durará.
- Cepillado dos veces al día, con especial atención a la línea de encuentro entre la restauración y el tejido.
- Limpieza interdental diaria con los instrumentos adaptados a esa restauración concreta.
- Limpieza profesional con instrumental específico para implantes, con la frecuencia que se establezca individualmente.
- Revisión periódica con sondaje y comprobación del sangrado, y no solo una mirada rápida.
- Radiografía de control según necesidad, para comparar el nivel óseo a lo largo del tiempo.
- Dejar de fumar: el factor aislado que más influye en la salud de los tejidos periimplantarios.
La frecuencia se establece de forma individual según el estado de los tejidos, el número de implantes, la higiene bucal y los factores de riesgo. Algunos pacientes acuden cada seis meses; otros, con mayor frecuencia.
Prevención desde la planificación
Buena parte de lo que determina el riesgo de periimplantitis se decide años antes, en la fase de planificación del implante.
- Tratar las encías antes. Un implante colocado en un entorno con inflamación activa parte en desventaja.
- Posición del implante. Un implante bien situado permite una restauración que puede limpiarse. Uno mal situado obliga a una restauración que no.
- Diseño de la restauración. El acceso para la limpieza es un criterio de planificación, no una observación al final.
- Unión atornillada frente a cementada. Una restauración atornillada evita el riesgo de restos de cemento y puede desmontarse para mantenimiento.
- Oclusión. Una sobrecarga mantenida es un factor que se valora, sobre todo en pacientes con bruxismo.
- Un plan de seguimiento desde el primer día, y no cuando aparece el primer signo.
Todo ello se desarrolla en la página de implantes dentales.
Riesgos y lo que no prometemos
- Recidiva. Una inflamación controlada puede reaparecer, sobre todo si los factores que la originaron no han cambiado.
- El hueso perdido no se recupera. El objetivo del tratamiento es detener el proceso y estabilizar la situación, no reconstruir lo que ya se perdió.
- Recesión del tejido tras el tratamiento, que puede dejar expuesto el margen de la restauración y modificar el aspecto.
- Sensibilidad o molestias en los días posteriores al tratamiento.
- Pérdida del implante en los casos en los que el proceso no logra controlarse.
Lo que no prometemos
No prometemos que el implante pueda conservarse en todos los casos, no prometemos evitar la cirugía y no presentamos tasas de éxito como una promesa personal. Lo que sí ofrecemos: un diagnóstico ordenado con sondaje y radiografía, un abordaje adecuado a la situación, una reevaluación que mide la respuesta, y la exposición honesta de lo que los hallazgos indican en cada fase.
Apuntes clínicos
La periimplantitis suele avanzar sin dolor. El dolor y la movilidad son signos tardíos; el sangrado al sondar es el temprano, y es el que se busca en cada revisión.
Una radiografía sin otra anterior con la que compararla informa la mitad. El valor de la radiografía de control inicial, hecha cuando todo iba bien, se cobra años después.
Cuando un paciente no consigue limpiar bien alrededor de un implante, la primera pregunta no es sobre su técnica sino sobre la restauración. A veces el problema es que no puede limpiarse, por bien que se haga.
La superficie de un implante no es la de un diente. Un instrumento inadecuado puede rayarla y crear precisamente la rugosidad donde la biopelícula vuelve a instalarse.
Es el único factor de riesgo importante que está por completo en manos del paciente. En periimplantitis, el efecto de dejarlo se mide en la propia reevaluación.
La mucositis es reversible; la periimplantitis, no del todo. La distancia entre ambas se recorre en meses, y ese es todo el argumento a favor del seguimiento periódico.
Mito y realidad
Un implante no puede inflamarse porque no es un diente.
El implante no se caria, pero los tejidos que lo rodean sí pueden inflamarse. La mucositis periimplantaria y la periimplantitis son complicaciones conocidas y documentadas.
Si no duele, el implante está bien.
El proceso avanza a menudo sin dolor. El signo temprano es el sangrado al sondar, y se detecta en la revisión, no por la sensación del paciente.
Un poco de sangrado al cepillar alrededor del implante es normal.
No lo es. El sangrado indica inflamación, y alrededor de un implante merece una valoración, no la espera de que remita por sí solo.
Con el tratamiento, el hueso perdido vuelve a crecer.
El objetivo del tratamiento es detener el proceso y estabilizar la situación. El hueso que ya se ha perdido no se recupera, y esa es precisamente la razón de detectarlo pronto.
Una vez colocado el implante, ya no hay nada que mantener.
El mantenimiento es lo que determina cuántos años durará. Limpieza diaria, limpieza profesional con instrumental específico y revisión periódica con sondaje.
Si aparece periimplantitis, hay que retirar el implante.
No de entrada. Se empieza por un abordaje no quirúrgico, se reevalúa la respuesta, y solo entonces se decide. Retirar el implante se plantea cuando la pérdida ósea es extensa o el proceso no se controla.
El láser resuelve la periimplantitis por sí solo.
El láser no sustituye al desbridamiento mecánico. Puede emplearse como fase adicional según la indicación, y no lo presentamos como un factor que garantice un resultado.
Si perdí un implante por periimplantitis, ya no puedo volver a implantar.
Retirarlo no es el final. La zona cicatriza, a veces con un injerto óseo, y en muchos casos puede plantearse una nueva rehabilitación más adelante.
Qué conviene preguntar
- ¿Se trata de mucositis o de periimplantitis? ¿En qué se basa la distinción?
- ¿Cuáles son las profundidades de sondaje y hay sangrado al sondar?
- ¿Qué muestra la radiografía, y hay alguna anterior con la que compararla?
- ¿Cuál es el factor que probablemente ha originado el proceso en mi caso?
- ¿Qué incluye el tratamiento inicial y cuándo es la reevaluación?
- ¿Cómo sabremos si ha funcionado?
- ¿Puede limpiarse bien mi restauración, o el diseño es parte del problema?
- ¿Qué opciones hay si el tratamiento no quirúrgico no basta?
- ¿Con qué frecuencia debo acudir a revisión a partir de ahora?
- ¿Qué está incluido en el precio y qué no lo está?
Una respuesta que no queda clara es motivo para volver a preguntar, no para seguir adelante.
Quién le atiende
El Dr. Pablo Schilman dirige el Centro Médico Schilman en Ramat HaSharón y se dedica a los implantes dentales, la rehabilitación oral, la odontología digital y los tratamientos con láser. Es egresado del Colegio Odontológico Colombiano, promoción de 1984, donde terminó segundo de su promoción y recibió la Medalla de Plata, y completó un Advanced Education Program in Prosthodontics. Es Diplomate del ICOI, el Congreso Internacional de Implantólogos Orales, y posee el Mastership de la ALD, la Academia de Odontología Láser.
El diagnóstico, el estudio de imagen, el tratamiento y el seguimiento se realizan en una misma clínica y en una misma secuencia.
La atención se presta en español y en hebreo.
Glosario
- Mucositis periimplantaria
- Inflamación reversible del tejido blando alrededor del implante, sin pérdida ósea progresiva.
- Periimplantitis
- Inflamación de los tejidos alrededor del implante acompañada de pérdida del hueso de soporte. Requiere tratamiento.
- Biopelícula
- Capa fina y adherente de bacterias que se acumula sobre las superficies de la boca, incluida la del implante.
- Sondaje
- Medición de la profundidad del surco alrededor del implante, y comprobación de si sangra. Alrededor de un implante se realiza con una técnica y una presión adaptadas.
- Sangrado al sondar
- El signo temprano más frecuente de inflamación en los tejidos periimplantarios.
- Desbridamiento
- Retirada mecánica de la biopelícula y de los depósitos de la superficie del implante y de la restauración.
- Air Polishing
- Retirada de placa y depósitos mediante un chorro de aire, agua y polvo, con control de la potencia y de la temperatura.
- Restos de cemento
- Material de cementado que queda por debajo del margen gingival tras colocar una restauración, y que puede actuar como irritante local.
- Reevaluación
- Cita programada unas semanas después del tratamiento inicial, en la que se mide si la inflamación ha respondido.
- Oseointegración
- Contacto directo entre hueso vivo y la superficie del implante. Es la base de su estabilidad.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la periimplantitis?
Una inflamación de los tejidos que rodean un implante dental acompañada de pérdida del hueso que lo sostiene. Se diferencia de la mucositis periimplantaria, en la que la inflamación se limita al tejido blando y no hay pérdida ósea.
¿Qué diferencia hay entre mucositis y periimplantitis?
En la mucositis la inflamación afecta solo al tejido blando y es reversible. En la periimplantitis hay además pérdida ósea, que no se recupera. La distinción se establece con sondaje y radiografía, y determina el tratamiento.
¿Cuáles son los primeros signos?
Sangrado alrededor del implante al cepillar o al sondar, hinchazón, enrojecimiento, supuración, mal olor o sabor, recesión de la encía, o un cambio en el aspecto de la zona. A menudo no hay dolor.
¿Duele?
En muchos casos no. El proceso puede avanzar en silencio, y el dolor o la movilidad son signos tardíos. Por eso el seguimiento periódico es lo que permite detectarlo a tiempo.
¿Cómo se diagnostica?
Con una exploración clínica que incluye sondaje de las profundidades y comprobación del sangrado, la valoración de los tejidos blandos, y una radiografía que muestra el nivel óseo. Cuando hay una radiografía anterior, la comparación es especialmente informativa.
¿Por qué aparece?
Casi siempre por una combinación de factores: biopelícula bacteriana, antecedentes de enfermedad periodontal, dificultad para limpiar la zona, tabaquismo, restos de cemento bajo la encía, un diseño de restauración que impide la higiene, y factores locales o sistémicos.
¿Se puede curar?
La mucositis es reversible con un tratamiento adecuado. En la periimplantitis, el objetivo es detener el proceso y estabilizar la situación; el hueso ya perdido no se recupera.
¿En qué consiste el tratamiento inicial?
En un abordaje no quirúrgico: desbridamiento mecánico con instrumentos adaptados a la superficie del implante, instrumentación ultrasónica y Air Polishing con control de potencia y temperatura, retirada de irritantes locales, e instrucciones de higiene adaptadas a esa restauración.
¿Por qué hacen falta instrumentos especiales?
La superficie de un implante no es la de un diente. Los instrumentos convencionales pueden rayarla y generar la rugosidad donde la biopelícula vuelve a instalarse, de modo que tanto el diagnóstico como el protocolo se realizan con material específico.
¿El láser resuelve el problema?
El láser no sustituye al desbridamiento mecánico. Puede emplearse como fase adicional en el tratamiento de los tejidos, según el tipo de láser y la indicación. La literatura sigue desarrollándose y no lo presentamos como garantía de resultado.
¿Qué es la cita de reevaluación?
Una cita programada unas semanas después del tratamiento inicial, en la que se vuelven a medir las profundidades, se comprueba el sangrado y se examinan los tejidos. Sus hallazgos determinan si basta con pasar a mantenimiento, si hace falta más tratamiento no quirúrgico, o si conviene otro abordaje.
¿Cuándo hace falta cirugía?
Cuando el tratamiento no quirúrgico no logra un control suficiente de la inflamación, o cuando la forma del defecto no permite una limpieza eficaz por vía cerrada. La decisión se valora frente a las alternativas y a partir de los hallazgos.
¿Voy a perder el implante?
No necesariamente. Muchos casos se controlan con tratamiento no quirúrgico y mantenimiento. Retirar el implante se plantea cuando la pérdida ósea es extensa, el implante ha perdido estabilidad, o el proceso sigue avanzando pese al tratamiento.
Si se retira el implante, ¿puedo poner otro?
En muchos casos sí. La zona cicatriza, a veces con un procedimiento de injerto óseo, y la posibilidad de una nueva rehabilitación se valora después según el estado del hueso.
¿Cada cuánto debo acudir a revisar mis implantes?
La frecuencia se establece de forma individual según el estado de los tejidos, el número de implantes, la higiene y los factores de riesgo. Algunos pacientes acuden cada seis meses y otros con mayor frecuencia.
¿Cómo limpio correctamente alrededor de un implante?
Cepillado dos veces al día con atención a la línea de encuentro entre la restauración y el tejido, y limpieza interdental diaria con los instrumentos adaptados a su restauración. La instrucción se da de forma personalizada, porque no todas se limpian igual.
Fumo. ¿Cuánto influye?
Es un factor de riesgo conocido para los tejidos y para el hueso, y se tiene en cuenta en la planificación del tratamiento y del seguimiento. Es además el único factor importante que está por completo en manos del paciente.
Tuve enfermedad periodontal. ¿Estoy en más riesgo?
Los pacientes con antecedentes de enfermedad periodontal se sitúan en un grupo de seguimiento más estrecho, con revisiones más frecuentes.
¿Los restos de cemento pueden causar esto?
En los casos pertinentes, el material de cementado que queda por debajo del margen gingival puede actuar como irritante local. Es una de las cosas que se buscan en la evaluación.
¿Se puede prevenir?
Buena parte del riesgo se decide en la planificación: tratar las encías antes, situar bien el implante, diseñar una restauración que pueda limpiarse, valorar la unión atornillada frente a la cementada, controlar la oclusión y establecer un plan de seguimiento desde el primer día.
¿Cuánto cuesta el tratamiento?
Los precios no se publican en la web. El coste depende del alcance del tratamiento y del número de implantes afectados, y se presenta completo antes de empezar.

Más información en esta web
- Implantes dentales — planificación, procedimiento y mantenimiento.
- Limpieza dental y Air Polishing — la técnica de limpieza alrededor de los implantes.
- Tratamiento de encías con láser — el tratamiento de los tejidos de soporte.
- Elevación de seno e injertos óseos — reconstrucción del hueso de cara a una nueva rehabilitación.
- Rehabilitación oral — la rehabilitación que se apoya en los implantes.
¿Sangrado o inflamación alrededor de un implante?
Concierte una revisión en la clínica de Ramat HaSharón. Valoraremos el estado de los tejidos y del hueso alrededor del implante y le explicaremos qué opciones existen en su situación concreta.
03-5499181WhatsAppPedir citaSokolov 91, 2.ª planta, Ramat HaSharón · drsch@bezeqint.net
La información de esta página es información médica general y no sustituye una exploración, un diagnóstico ni una consulta personalizada. El diagnóstico, el protocolo y las opciones de tratamiento se establecen únicamente tras una exploración clínica y un estudio radiográfico. Los resultados varían de una persona a otra. Redactado y revisado por el equipo médico del Centro Médico Schilman, Ramat HaSharón.