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Consejos para una boca sana
Mantener una boca sana depende de pocas cosas, y casi todas ocurren en casa: cepillarse dos veces al día con la técnica correcta, limpiar a diario entre los dientes, moderar la frecuencia del azúcar, y no ignorar el sangrado ni la sensibilidad. A eso se añade lo que no puede hacerse en casa: una revisión periódica y una limpieza profesional, con una frecuencia que se establece según el riesgo de cada persona y no según un calendario fijo. La mayoría de los problemas dentales avanzan sin dolor, de modo que el dolor es un mal indicador en el que confiar.
En resumen
- Cepillado: dos veces al día, unos dos minutos, cepillo suave y movimiento delicado a 45° hacia el margen de la encía.
- Entre los dientes: a diario. Ahí empieza la mayor parte de la caries en adultos, y el cepillo no llega.
- Azúcar: importa más la frecuencia que la cantidad.
- Sangrado al cepillar: no es normal. Es el signo más temprano y el más ignorado.
- Revisiones: también sin dolor. La frecuencia se establece de forma individual.
- Estrés y sueño: influyen más de lo que parece — bruxismo, sequedad bucal e inflamaciones repetidas.
Contenido de la página
Cepillarse bien
Cepillarse por la mañana y por la noche es la base, pero la técnica importa tanto como la frecuencia.
- Cepillo suave. Uno duro no limpia mejor: desgasta el esmalte y daña la encía.
- Unos dos minutos. Es más tiempo del que la mayoría cree; conviene cronometrarlo alguna vez para calibrar.
- 45 grados hacia el margen de la encía, con movimientos suaves y cortos. El objetivo es la línea donde el diente se encuentra con la encía, que es donde se acumula la placa.
- Sin presionar. La fuerza no sustituye al tiempo ni a la técnica.
- Los molares del fondo, por su cara interior y por detrás del último diente. Es la zona que más se omite.
- Pasta con flúor, y no enjuagarse la boca con agua justo después: conviene escupir y dejar que el flúor permanezca sobre los dientes.
¿Eléctrico o manual?
Un cepillo eléctrico suele ser más eficaz, sobre todo para quien tiene dificultad para llegar a los rincones o para mantener una técnica constante. Un cepillo manual bien utilizado también funciona. El mejor cepillo es el que usted usa bien dos veces al día.
Empiece el cepillado cada vez por una zona distinta. Casi todo el mundo empieza siempre por el mismo sitio y termina por el mismo — y esa última zona recibe siempre el cepillado más apresurado.
Limpiar entre los dientes
El cepillo llega a tres de las cinco caras de cada diente. Las otras dos, las que miran a los dientes vecinos, quedan fuera de su alcance — y ahí empieza la mayor parte de la caries en adultos y buena parte de la inflamación gingival.
- A diario, y preferiblemente por la noche, antes del último cepillado.
- Hilo dental para espacios estrechos: se desliza pegado a la cara del diente, en forma de C, y baja con suavidad bajo el margen de la encía.
- Cepillos interproximales para espacios más amplios, o cuando hay recesión gingival. Para muchos adultos son más eficaces y más fáciles de mantener en el tiempo.
- Palillos de hilo como opción de compromiso: mejores que no hacer nada, aunque permiten menos control.
- Irrigador bucal como complemento útil, sobre todo con puentes, implantes u ortodoncia — pero no sustituye al hilo ni a los cepillos.
Si sangra los primeros días, es señal de que había inflamación, no de que se esté haciendo daño. En la mayoría de los casos el sangrado desaparece en una o dos semanas de limpieza constante. Si no desaparece, conviene consultar.
Revisiones periódicas
La razón para acudir sin dolor es sencilla: la mayoría de los problemas no duelen en sus fases iniciales. La caries entre los dientes, la inflamación periodontal temprana y el desgaste avanzan en silencio, y se detectan en la exploración y en la radiografía.
Una revisión periódica permite encontrar un problema pequeño antes de que se convierta en grande, y ahorra dolor, tratamientos mayores y gasto futuro.
Sobre la frecuencia: cada seis meses es una referencia razonable para muchas personas, pero no es una regla universal. Quien tiene antecedentes de caries, enfermedad periodontal, sequedad bucal, varios implantes o fuma necesita revisiones más frecuentes; quien tiene un riesgo bajo, puede espaciarlas. La frecuencia se establece de forma individual y se revisa con el tiempo.
La limpieza profesional
La limpieza profesional no es un tratamiento estético. El sarro es placa bacteriana endurecida y adherida al diente, no se retira con el cepillado, y es un terreno ideal para las bacterias: puede producir inflamación gingival, recesión y, con los años, pérdida de dientes.
La limpieza retira dos cosas distintas: el sarro duro y visible, y la biopelícula blanda que se rehace en horas y es la que realmente desencadena la inflamación. Ambas se abordan en la misma sesión — se explica en detalle en la página de limpieza dental y Air Polishing.
Una precisión útil: una limpieza retira manchas externas y devuelve al diente su color propio, lo que a menudo ya supone una diferencia visible. No modifica ese color propio — eso es un blanqueamiento, y es otro tratamiento.
Alimentación
Lo que comemos influye directamente en la salud de los dientes, pero no de la forma en que suele contarse.
La frecuencia antes que la cantidad
Cada exposición al azúcar inicia un ciclo ácido que dura un tiempo. Cinco cafés con azúcar repartidos por el día hacen más daño que un postre en una sola toma. Lo que cuenta es cuántas veces al día, no cuánto.
Cuidado con los ácidos
Cítricos, bebidas carbonatadas —también las «light»—, zumos y vinagre ablandan el esmalte de forma temporal. Después de tomarlos conviene enjuagar con agua y esperar un rato antes de cepillarse: cepillar de inmediato sobre un esmalte reblandecido lo desgasta.
Lo que ayuda
- Agua a lo largo del día: mantiene la boca húmeda y reduce la acidez.
- Alimentos fibrosos que exigen masticación y arrastran de forma natural.
- Lácteos y quesos, que ayudan a neutralizar la acidez después de una comida.
- Chicle sin azúcar tras una comida, cuando no es posible cepillarse: estimula la saliva.
Lo que conviene limitar
Dulces pegajosos que permanecen adheridos al diente, el picoteo continuo, y las bebidas azucaradas o ácidas bebidas a sorbos durante horas — que es la peor combinación posible: azúcar, ácido y frecuencia a la vez.
No ignorar el sangrado ni la sensibilidad
Sangrado
Si le sangran las encías al cepillar o al usar el hilo, no lo deje pasar. El sangrado indica inflamación, y una encía sana no sangra al cepillarse, igual que la piel sana no sangra al lavarse.
El error más habitual es el contrario al que parece lógico: dejar de limpiar la zona que sangra. Eso la empeora, porque el sangrado procede de la placa que sigue ahí. Lo que hay que corregir es la técnica, no la frecuencia.
Sensibilidad
La sensibilidad al frío, al calor o al dulce es un signo, no una enfermedad. Puede venir de una recesión gingival que ha dejado la raíz expuesta, de desgaste, de una fisura, de una caries o de los márgenes de una restauración.
Un caso que merece atención especial: un dolor agudo y breve al morder algo duro suele indicar una fisura, y una fisura que no se trata se extiende.
Ambos signos se resuelven con facilidad cuando se abordan a tiempo. Ambos se complican cuando se esperan meses.
Sueño, estrés y salud bucal
Puede sorprender, pero dormir poco y vivir bajo presión afectan también a la boca.
- Bruxismo. Apretar o rechinar, casi siempre de noche y sin ser consciente de ello. Genera fuerzas muy superiores a las de la masticación y desgasta dientes y restauraciones.
- Sequedad bucal. Por respiración bucal, por medicación o por el propio estrés. La saliva protege los dientes, y su ausencia aumenta de forma significativa el riesgo de caries.
- Inflamaciones repetidas. La respuesta inmunitaria y la constancia en la higiene se resienten en períodos de tensión, y las encías lo acusan.
Cómo saber si rechina
Superficies de masticación aplanadas, fisuras verticales en el esmalte, rigidez o dolor mandibular al despertar, sensibilidad difusa que no se localiza en un diente, y restauraciones que se fracturan una y otra vez.
No hay que avergonzarse de hablar de ello con el odontólogo. A veces la solución es una férula de descarga nocturna, y a veces basta con ajustar la oclusión o revisar hábitos. En algunos casos conviene además un estudio del sueño.
Errores frecuentes
- Cepillarse con fuerza. Desgasta el esmalte y retrae la encía, y no limpia más.
- Cepillarse justo después de algo ácido. Conviene enjuagar con agua y esperar.
- Enjuagarse con agua tras el cepillado. Arrastra el flúor antes de que actúe.
- Usar el hilo solo cuando algo se queda atascado. Su función es diaria, no de rescate.
- Confiar en el colutorio. Actúa en la superficie, no llega a la bolsa ni retira sarro. Es un complemento, nunca el tratamiento.
- Abusar de pastas «blanqueadoras». La mayoría son abrasivas y no modifican el color del diente.
- Remedios caseros de internet. El limón, el bicarbonato y el vinagre son ácidos o abrasivos, y el esmalte no se regenera.
- Usar los dientes como herramienta. Abrir envases, morder hielo o cortar hilo: así se fractura una cúspide en un segundo.
- Esperar a que duela. El dolor es un signo tardío.
Situaciones que piden algo más
Si lleva implantes
El tejido alrededor de un implante es más vulnerable que el de un diente natural. Requiere limpieza diaria con los instrumentos adaptados a esa restauración y un mantenimiento profesional más frecuente — véase periimplantitis.
Si lleva puentes o coronas
La zona crítica es el margen entre la restauración y la encía. Bajo un puente hacen falta instrumentos específicos para limpiar por debajo del póntico.
Si lleva ortodoncia
El riesgo de caries y de inflamación aumenta mucho. Hacen falta cepillos interproximales, un irrigador como complemento y revisiones más frecuentes.
Durante el embarazo
Los cambios hormonales hacen que la encía reaccione con más intensidad a la misma placa. La higiene y las revisiones son especialmente importantes, y conviene informar del embarazo antes de cualquier tratamiento.
Si tiene la boca seca
Frecuente con determinadas medicaciones. Aumenta mucho el riesgo de caries, y cambia las recomendaciones preventivas y la frecuencia de seguimiento. Conviene mencionarlo.
Si tiene diabetes
La relación va en los dos sentidos: una diabetes mal controlada agrava la enfermedad periodontal, y la inflamación periodontal dificulta el control glucémico.
Si fuma
El tabaco enmascara el sangrado, de modo que la enfermedad avanza sin su señal más visible, y empeora la respuesta al tratamiento. Es el único factor de riesgo importante que está por completo en sus manos.
Cuándo llamar a la clínica
- Sangrado al cepillar que no desaparece tras una o dos semanas de limpieza constante.
- Dolor espontáneo, sobre todo si aparece de noche.
- Sensibilidad prolongada al calor o al frío que dura minutos después del estímulo.
- Dolor agudo al morder algo duro.
- Hinchazón en la encía, o un bulto que aparece y desaparece.
- Un diente que se mueve o que ha cambiado de posición.
- Sensación de que los dientes ya no encajan como antes.
- Una llaga en la boca que no cicatriza en dos semanas.
- Mal aliento persistente que no cede con la higiene.
Ninguno de estos signos es motivo de alarma por sí solo, y todos son motivo de una revisión.
Mito y realidad
Que sangren las encías al cepillar es normal.
No lo es. El sangrado indica inflamación. Una encía sana no sangra al cepillarse.
Cepillarse con fuerza limpia mejor.
La presión desgasta el esmalte y daña la encía, y no retira más placa. Lo que limpia es la técnica y el tiempo.
Si no duele, no hay nada que tratar.
La caries entre los dientes, la enfermedad periodontal temprana y el desgaste avanzan sin dolor. El dolor es un signo tardío.
El hilo dental no es realmente necesario.
El cepillo no llega entre los dientes, y ahí empieza la mayor parte de la caries en adultos.
Un colutorio potente sustituye al cepillado.
Actúa en la superficie, no llega a la bolsa periodontal y no retira sarro. Es un complemento puntual, no un tratamiento.
Perder dientes forma parte de envejecer.
No. La causa más frecuente de pérdida dental en adultos es la enfermedad periodontal, y es prevenible y controlable a cualquier edad.
Los dientes de leche no importan, se van a caer igual.
Guardan el espacio para los definitivos y una infección en ellos puede afectar al diente que viene debajo. Importan.
El limón y el bicarbonato blanquean de forma natural.
El ácido y la abrasión retiran material del esmalte, y el esmalte no se regenera. «Natural» no significa inofensivo.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas veces al día hay que cepillarse?
Dos veces, durante unos dos minutos cada vez, con un cepillo suave y un movimiento delicado a 45° hacia el margen de la encía. La técnica importa tanto como la frecuencia.
¿Cepillo eléctrico o manual?
El eléctrico suele ser más eficaz, sobre todo para quien tiene dificultad para llegar a los rincones o para mantener una técnica constante. Un manual bien utilizado también funciona: el mejor cepillo es el que usted usa bien dos veces al día.
¿De verdad hace falta el hilo dental?
Sí. El cepillo llega a tres de las cinco caras de cada diente; entre los dientes no llega, y ahí empieza la mayor parte de la caries en adultos y buena parte de la inflamación gingival.
¿Hilo o cepillos interproximales?
El hilo para espacios estrechos y los cepillos interproximales para espacios más amplios o cuando hay recesión. Para muchos adultos los cepillos son más eficaces y más fáciles de mantener en el tiempo. La elección se ajusta en la consulta.
Me sangra al usar el hilo. ¿Debo dejarlo?
No. El sangrado indica que había inflamación, no que se esté haciendo daño. En la mayoría de los casos desaparece tras una o dos semanas de limpieza constante. Si no desaparece, conviene consultar.
¿Sirve el irrigador bucal?
Es un buen complemento, sobre todo con puentes, implantes u ortodoncia. No sustituye al hilo ni a los cepillos interproximales, que son los que retiran la placa adherida.
¿Hay que usar colutorio?
No es imprescindible. Actúa en la superficie y no retira placa adherida ni sarro. Puede ser útil de forma puntual y por indicación, pero no sustituye al cepillado ni a la limpieza interdental.
¿Cada cuánto debo ir a revisión?
Cada seis meses es una referencia razonable para muchas personas, pero no es una regla universal. La frecuencia se establece de forma individual según los antecedentes de caries, el estado de las encías, la sequedad bucal, el tabaco y los implantes o restauraciones existentes.
¿Para qué ir si no me duele nada?
Precisamente por eso. La caries interproximal, la enfermedad periodontal temprana y el desgaste avanzan sin dolor y se detectan en la exploración y en la radiografía, en una fase en la que el tratamiento es pequeño.
¿Cada cuánto hay que hacerse una limpieza profesional?
También de forma individual. Quien tiene antecedentes de enfermedad periodontal o varios implantes suele necesitarla cada tres o cuatro meses; otras personas, cada seis meses o incluso una vez al año.
¿La limpieza blanquea los dientes?
No. Retira manchas externas y devuelve al diente su color propio, lo que a menudo ya supone una diferencia visible. Modificar ese color propio es un blanqueamiento, y es otro tratamiento.
¿Qué importa más, la cantidad de azúcar o la frecuencia?
La frecuencia. Cada exposición inicia un ciclo ácido que dura un tiempo, de modo que cinco tomas pequeñas al día dañan más que una cantidad grande en una sola toma.
¿Puedo cepillarme justo después de tomar algo ácido?
Es mejor esperar. Los ácidos ablandan el esmalte de forma temporal, y cepillar de inmediato lo desgasta. Conviene enjuagar con agua y dejar pasar un rato.
¿Por qué no debo enjuagarme tras cepillarme?
Porque arrastra el flúor de la pasta antes de que actúe sobre el esmalte. Lo recomendable es escupir y no enjuagar.
Tengo sensibilidad al frío. ¿Qué hago?
Primero hay que buscar la causa: recesión gingival, desgaste, una fisura, caries o márgenes defectuosos. El tratamiento depende de la causa, y no conviene acostumbrarse a la sensibilidad sin saber de dónde viene.
¿Cómo sé si rechino los dientes?
Por los signos: superficies aplanadas, fisuras en el esmalte, rigidez mandibular al despertar, sensibilidad difusa y restauraciones que se fracturan repetidamente. La mayoría de las personas no son conscientes de ello.
¿El estrés afecta a los dientes?
Sí, sobre todo a través del bruxismo, de la sequedad bucal y de una menor constancia en la higiene. Conviene mencionarlo en la consulta: a veces la solución es una férula de descarga nocturna.
Tengo la boca seca por la medicación. ¿Importa?
Mucho. La saliva protege los dientes, y la sequedad aumenta de forma significativa el riesgo de caries. Conviene informar de ello, porque cambia las medidas preventivas y la frecuencia de seguimiento.
¿Cómo cuido mis implantes en casa?
Cepillado dos veces al día con atención al margen entre la restauración y el tejido, y limpieza interdental diaria con los instrumentos adaptados a esa restauración concreta. El mantenimiento profesional es además más frecuente.
¿Y si llevo ortodoncia?
El riesgo de caries y de inflamación aumenta bastante. Hacen falta cepillos interproximales, un irrigador como complemento y revisiones más frecuentes durante todo el tratamiento.
¿Se puede ir al dentista durante el embarazo?
Sí, y es recomendable: los cambios hormonales hacen que la encía reaccione con más intensidad a la misma placa. Hay que informar del embarazo antes de cualquier tratamiento, porque influye en su planificación y en su momento.
¿Cuándo debo llamar a la clínica?
Ante sangrado que no cede en una o dos semanas, dolor espontáneo o nocturno, sensibilidad prolongada, dolor agudo al morder, hinchazón, un diente que se mueve, un cambio en la mordida, o una llaga que no cicatriza en dos semanas.
Más información en esta web
- Odontología conservadora — revisiones, detección temprana y tratamientos mínimos.
- Limpieza dental y Air Polishing — qué se retira en una limpieza profesional.
- Tratamiento de encías con láser — qué hacer cuando el sangrado no cede.
- Blanqueamiento dental — la diferencia entre limpiar y aclarar.
- Contacto — horarios y cómo concertar una revisión.
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La información de esta página es información general sobre higiene y prevención, y no sustituye una exploración, un diagnóstico ni una consulta personalizada. Las recomendaciones concretas —frecuencia de revisiones, instrumentos de limpieza y medidas preventivas— se establecen de forma individual tras una exploración clínica. Centro Médico Schilman, Ramat HaSharón.